La selección española de fútbol masculino ha hecho historia al clasificarse para la gran final de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Dieciséis años después de la mítica gesta de Sudáfrica 2010, el combinado nacional rompió su sequía en los grandes escenarios internacionales tras imponerse con un inapelable 2-0 a Francia, en una demostración de superioridad táctica y solvencia que desató la euforia de la afición española.
El encuentro, disputado en territorio alemán, venía precedido por una intensa carga de tensión extradeportiva en los despachos a raíz de las polémicas declaraciones del expresidente Mariano Rajoy sobre el origen de los futbolistas de la plantilla gala. Sin embargo, sobre el terreno de juego, el equipo dirigido por Luis de la Fuente neutralizó por completo las armas del subcampeón del mundo.
Control absoluto y pegada letal
Desde el pitido inicial, España asumió la iniciativa del juego a través de la posesión del balón, desactivando las peligrosas transiciones ofensivas comandadas por Kylian Mbappé. La presión alta y la fluidez en la circulación permitieron a los españoles golpear en los momentos precisos.
Los aspectos más destacados del histórico triunfo incluyen:
- Efectividad en el área: Dos goles tempraneros en la primera mitad dinamitaron el planteamiento del técnico francés Didier Deschamps, obligando a los galos a jugar a contracorriente.
- Madurez y orden táctico: Durante la segunda parte, España manejó los tiempos del partido con oficio, impidiendo cualquier conato de reacción o remontada francesa.
- Solvencia defensiva: El bloque defensivo y las ayudas solidarias en el centro del campo anularon por completo el potencial aéreo y la velocidad del ataque rival, dejando el arco de Unai Simón prácticamente imbatido.
A un paso de la gloria eterna
Con esta victoria, la delegación española sella su pasaporte al partido definitivo del próximo domingo con un balance impecable a lo largo del torneo. Dieciséis años después del gol de Iniesta en Johannesburgo, el país entero se prepara para revivir la emoción de una final mundialista, consolidando a esta generación como una de las grandes potencias del balompié contemporáneo.




